Análisis

¿Intervención, desestabilización de aliados? Qué le espera a Venezuela en 2019

José Negrón Valera

Una popular y anónima readaptación de un viejo proverbio inglés reza: “Espera lo mejor, planifica para lo peor y acepta lo inesperado”. No encuentro mejor manera de resumir los escenarios políticos y sociales que tendrán lugar en Venezuela durante el 2019.

Periodización del conflicto

El 5 de enero se juramentará la nueva directiva de la Asamblea Nacional de Venezuela. De continuar con el acuerdo de gobernabilidad hecho por la extinta Mesa de la Unidad Democrática, la Presidencia de dicha institución sería liderada por un miembro del partido radical de derecha Voluntad Popular, principal promotor de las violentas protestas callejeras que ocurrieron en Venezuela durante el 2017, y que dejaron un saldo de más de 100 personas fallecidas. Por tanto, debemos esperar un escenario de confrontación directa contra el Gobierno nacional.

El 10 de enero no implica una fecha de fin, sino de inicio de las hostilidades. Se prevé que los países del denominado Grupo de Lima comiencen con el retiro de sus embajadores, argumentado que no reconocen el nuevo período de mandato de Nicolás Maduro. Esto podría estar aderezado con la conformación de un Gobierno paralelo en el exterior del país, aunque algunos factores de oposición solicitan que este sea decretado por la Asamblea Nacional. El objetivo es el mismo, conformar un “interlocutor válido”, tal como ocurrió especialmente en el caso de Libia. La OEA y ciertos organismos de la ONU como ACNUR, podrían prestarse a legitimar dicho Gobierno paralelo.

Por otro lado, los grupos de mercenarios entrenados en Colombia y denunciados por el propio Maduro generarían focos de disturbios en la frontera con Venezuela que sirva como factor resonador para una crisis que se mercadeará como sistémica e insalvable. Brasil, luego de que Bolsonaro asuma oficialmente el mando del Ejército a partir del 1 de enero, podría iniciar una escalada violenta en el flanco sur. Las declaraciones del futuro vicepresidente, Hamilton Mourao, permiten avizorar este escenario.

​Guyana iba a formar parte del plan. No solo para la ‘operación tenaza’, sino para enrarecer el Caribe como única puerta de entrada para alimentos, medicinas, bienes de primera necesidad y apoyo militar ante un cierre de fronteras del lado continental. La posición de Caricom, respaldando a Guyana, parece darle veracidad a esta idea.

Para la periodista de RT Érika Ortega Sanoja no es descabellado pensar que, ante la destitución del aliado de Estados Unidos en Guyana, David Granger, motorizada por un político como Bharrat Jagdeo, expresidente de ese país y que aboga por bajar el tono de confrontación contra Venezuela, Washington haya ordenado la incursión de los buques de ExxonMobil en aguas venezolanas con el fin de mantener activas las hostilidades entre ambos países. 

​Resulta interesante en este último aspecto que actores de oposición al Gobierno venezolano, como María Corina Machado, hayan dado un giro radical a su posición de intervención contra el país y ahora considere necesario “reconocer la actuación de la Armada Bolivariana” en el caso de la incursión de los buques de la transnacional ExxonMobil.

Esto parece legitimar nuestra hipótesis acerca de la preocupación de Estados Unidos por “el día de después”. Es decir, el Pentágono entiende que no habrá ninguna operación militar exitosa, ni estabilidad en el caso de una acción bélica, si no cuenta con el apoyo en la Fuerza Armada Bolivariana. Por tal razón, recomienda a sus operadores políticos en Venezuela dejar su discurso anti-militar-venezolano y girar hacia un reforzamiento positivo para lograr captar algún apoyo. Solo así se entiende la súbita posición de Machado, quien es una de las máximas promotoras de la no resolución electoral de la crisis política en el país.  

​Para completar el cuadro, no olvidemos que Estados Unidos ha ordenado la retirada de sus tropas en Siria y es posible que sean relocalizadas a lo largo de todas las bases que poseen en la región suramericana. Tampoco debemos perder de vista que existen cientos de mercenarios del Estado Islámico que han quedado cesantes y que provienen de países latinoamericanos, como Colombia. ¿Engrosarán las filas del Ejército que ha denunciado Maduro? Eso está por verse.

Resulta necesario matizar que los planes de EEUU y sus socios en la región para derrocar al Gobierno bolivariano no se encuentran exentos de tropezar con imponderables que en estos momentos son imposibles de apreciar. El caso de la destitución de David Granger es un claro ejemplo de ello.

Dentro de cada uno de estos países se mueven fuerzas que pueden ralentizar e incluso dar al traste con cualquier iniciativa de intervención. Habría que estar muy atento a la propia situación interna de EEUU, donde la crisis por la aprobación del presupuesto y las intenciones de demócratas —e incluso de muchos republicanos— mantienen siempre sobre Trump la espada del ‘impeachment’.

Del mismo modo, la heterogénea composición de la oposición política venezolana supone un elemento impredecible dentro de cualquier periodización. La conformación del llamado Frente Amplio Venezuela Libre, que se levanta sobre las cenizas de lo que fue la Mesa de la Unidad Democrática, choca contra los intereses y agendas de otros factores políticos que se encuentran fuera de Venezuela y siguen defendiendo las tesis del golpe de Estado cómo vía rápida para acceder al poder.

Desafíos 2019

El presidente Maduro, en su mensaje de salutación de fin de año a la Fuerza Armada Bolivariana, ha dado un discurso que nos remite a un artículo escrito a mediados del 2018 y que aborda ‘Los cinco grandes desafíos que afrontará el chavismo’.

Creemos que dichos retos se mantendrán como claras tendencias durante todo el 2019. Dichos desafíos son: el aumento de tensión en el flanco colombiano (agreguemos el brasileño y la fachada caribeña); la guerra psicológica para dividir el chavismo (y a la Fuerza Armada Bolivariana); iniciativas de Balcanización en los límites fronterizos (prestando especial atención a la zona sur del país); la desestabilización de aliados estratégicos como Nicaragua y Bolivia (habría que sumarle Rusia, como resultado del retiro de EEUU del acuerdo sobre misiles de corto y mediano alcance);la recuperación económica como motor de la legitimación política (y la derrota de la hiperinflación).

​Pero quizá la mayor de las tareas que deba enfrentar el proyecto político inaugurado por Hugo Chávez sea superar las grandes dificultades sin hacer concesiones que vayan en detrimento de los grandes ideales de justicia social, que le ha mantenido durante más de dos décadas como una alternativa viable a los modelos hegemónicos del capitalismo mundial.

Fuente Sputnik

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